La luna nos quemará
I
atardece en la ventana el cielo púrpura
ya arde en mis brazos
el alcohol blanco de la luna
su música ilumina la penumbra
los silencios turbios
su música blanca
enceguece todo interior
en el blanco ciclón
como otro sol
me insolo
II
contemplo la noche
el viento púrpura
el turbio bosque del alba
aguarda entre la música oscura
despierto
en la celda de un trino mudo
traspasando la noche
hacia el claro de la luna
III
alba lunar
resplandeciente trino de la luna
un pájaro migra hacia el eclipse:
última huella en el bosque
negra constelación de invierno
IV
ofrendo mi cuerpo ante la luz
ante el silencio
corono la torre blanca
y me arrojo al cielo
V
me postro ante el altar de la luna
no hay follaje que nos cubra
en la llanura de la noche
consagro mi cuerpo
al trino y al silencio
VI
migran las aves huyen
hacia los árboles nacientes de la noche
el rocío abre la tierra:
flor negra
en oscura intimidad
el colmillo del cuarto creciente
hunde su luz en mis venas
VII
haz de mi
un nido
habite en mi tu salmo calcinado
VIII
cruzo la noche
me rozan y se abren
medusas de aire negro
—en el silencio me estas oyendo—
me rozan y estallan
medusas de aire negro
un líquido incendiario
secreta en mi cuerpo
—en la inmovilidad te estoy sintiendo—
el aire negro se desliza
hasta el bosque petrificado
de mis huesos
la sombra de mi carne
las raíces de mis venas
—en la quietud te estoy viviendo—
IX
negras aves volando
en la inmovilidad del aire
en un cielo suspendido
dentro de mis ojos ciegos
negras aves
sin alas pero volando
de extremo a extremo
llevando su luz
dentro de su vuelo oscuro
dentro de este cielo oscuro
dentro de su cuerpo oscuro
contemplo tu brillo
su temblor
en la concentradísima negrura
X
mi cuerpo
como una oruga
bajo la piedra de la noche
la piedra de la noche
es la palma de tu mano oscura
mi alma
como una medusa
dentro del océano de la noche
el océano de la noche
es tu respiración oscura
XI
los bosques de la noche
exhalan en tu pecho
tu respiración cruza
todos los espacios negros
los mares de la noche
laten en tu pecho
tu corazón respira
y no respira
las olas llegan
y se retiran
los desiertos de la noche
se incendian en tu pecho
extensas llamaradas de tu brisa
cruzan y se envuelven en el aire negro
y en la soledad de la noche
y su silencio
y aún bajo las piedras
y dentro de los mares
o fuera
en los desiertos
en los espacios vivos
y en los espacios muertos
tu aire enredándose en mí
tu aire
su llamarada negra
XII
no se quien eres
pero tu cuerpo es mi morada
permanezco despierto
en la madriguera de tus brazos
no tengo espacio
pero respiro
estoy dentro de tu sangre
y no hay aire
pero respiro
XIII
—el muro de tu rostro se incendia en el rocío—
desciendo en espiral
por los anillos de la noche en tus pupilas
desciendo por raíces
hasta el pozo de la noche en tus pupilas
en tu interior tiemblan árboles
que rezan y respiran
los párpados de la noche
se cierran como pétalos
detrás de mí
los tallos de tus córneas
me visten con su piel sombría
en el centro de la oscuridad
de la noche en tus pupilas
tu me miras
y soy de piedra
bajo el rocío respiro
alumbra mi vida
la noche en tus pupilas
IXV
Ven
entremos en los bosques
del desierto de la luna
bajo la absoluta luz
tendremos sombra
ven
entremos en la estrella
del desierto de la luna
su visible anillo
su brillo
calcinante y cierto
ven
entremos en los mares
del desierto de la luna
sus raídas escolleras
sus olas transparentes
entremos en el aire oscuro
de la noche abierta
desgarrada
su coraza será tu nido
entremos en el aire oscuro
y respiremos
el blanco viento nos quemará
XV
arde el tiempo
se incendia
el frondoso bosque de los días
tu respiraras
cuando yo ya no exista
misteriosa deidad
de deseo y de nada
tu respirarás el aire
cuando no haya
ni muerte ni vida
XVI
estas allí
y mis manos no llegan
tu presencia envuelve mi cuerpo
me envuelve tu fuego
y no me roza
tu mano entrelaza mi mano
sin tocarla
tu ausencia me cubre
y mi amor no puede rozarte
mientras lo abrigas
con tu sangre
estas allí
dentro de un ocaso
donde mis manos no pueden llegar
XVII
envuelto en una crisálida
un transparente murciélago
roe el alma en la oscuridad
mi cuerpo carcomido
por el ángel carnívoro del vacío
-desapareceré y te estaré mirando-
en el silencio de la oscuridad
la enredadera de tu luz
las huellas de mis manos
en la eternidad
entre los muertos
en los desiertos
en un idioma extraño
pronunciaré tu nombre
y tu nombre mismo
será el desierto de mi sangre
-te desvanecerás y te estaré mirando-
serás un eterno nacimiento
te adentrarás en las piedras
hacia la noche
bajo mi máscara te estaré mirando
-aunque sea menos que nada te estaré mirando-
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1 comentario:
Marcos:
"en el silencio de la oscuridad
la enredadera de tu luz
las huellas de mis manos
en la eternidad
entre los muertos
en los desiertos
en un idioma extraño
pronunciaré tu nombre
y tu nombre mismo
será el desierto de mi sangre"
¿Son tus poemas?
Hermoso.
N.L
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